El karma en términos simples. |
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Introducción
Uno de los aspectos menos comprendidos de la concepción budista del cosmos es, sin embargo, uno de los popularmente más usados; el karma. El concepto de karma es extremadamente complejo en el budismo, siendo una de las bases de toda la filosofía, soteriología y metodología budista; sin embargo, en occidente se ha simplificado popularmente hasta transformarse en una especie de venganza cósmica: haz el “mal” y el “mal” te sucederá; propuesta que en el budismo no tiene demasiado sentido por la falta de un extremo ontológico que a su vez sea moral como ocurre con las religiones reveladas.
En este breve ensayo intentaremos plantear el significado básico del karma dentro del budismo en general, usando un lenguaje llano y simple. No es un estudio comparativo de las diferencias entre el concepto de karma y dharmas de la escuela Sarvastivada y Yogacara o un intento de generar un metaconcepto que englobe a todas las formulaciones del karma (una especie de teoría unificada del concepto en sí) sino en comunicar en términos simples una definición de este concepto para el budismo en general (si existiese algún ente así, por lo menos relativamente) o en la cual todos los budismos diferentes puedan reconocer un mecanismo común (si bien seguramente cada budismo considerará esta formulación vaga y poco detallada según sus cánones). Para cumplir este objetivo sin que el lenguaje se vuelva oscurantista o se entre en una discusión de cuál es el objetivo último del budismo, si el nirvana o el anuttara samyaksambodhi (discusión popular pero improductiva en nuestra perspectiva, ya que ninguno de estos fines últimos puede ser expresado correctamente en un dualismo ontológico cómo nuestro pensamiento actual) usaremos términos técnicos en la menor medida posible, traduciéndolos al castellano e indicándolos con itálica; de esta forma, anattman se vuelve no-yo, pratityasamutpada se vuelve originación codependiente y vasana se vuelve engrama. Una excepción es el mismo término karma; en nuestro juicio, se ha vuelto tan común en el idioma castellano que puede ser usado sin recurrir a la traducción poco elegante acción o pensamiento de conceptualización dualista.
Los conceptos de no-yo y de originación codependiente
El primer paso para comprender el concepto del karma es analizar el no-yo y la originación codependiente, dos conceptos que son difíciles de aceptar para el pensamiento consumista y orientado al individualismo que impera hoy en nuestras sociedades, pero que son, cómo veremos más adelante, vitales para entender el funcionamiento del karma.
El no-yo es quizás el concepto mas contraintuitivo del budismo y es lo que en un principio atrajo más atención tanto en el contexto original del budismo cómo en su expansión. Sin entrar en una explicación compleja de este postulado, el Buda Shakyamuni planteó que no existe una esencia, una molécula o un núcleo básico que podamos llamar yo y que defina de forma invariable nuestra existencia.
Examinemos primero el cuerpo; generalmente, la percepción del cuerpo de alguien es a lo que nos referimos cuándo queremos hablar de él o ella. Sin embargo, pensemos en alguien que conozcamos, llamémoslo Juan. Si Juan perdiese un brazo, dejaría de ser Juan? Claramente no, pero esto presenta un problema. Dado que “Juan” era un concepto que estaba compuesto por una forma antropoide de dos brazos y dos piernas, Juan-con-brazos claramente no es igual a Juan-con-un-solo brazo. Por otro lado, pensemos qué sucede diariamente: las células de nuestro cuerpo cambian constantemente; todos los días perdemos pelos, nuestras uñas crecen y en general, nuestro cuerpo cambia. Dado que nosotros mantenemos la identidad de Juan a lo largo de esos cambios, el yo de Juan no se encuentra en el cuerpo. Imaginemos algo aún peor para el pobre Juan: es decapitado. Ahora podemos observar el cadáver de Juan, pero no podemos decir que Juan se encuentra sólo en la cabeza o en el resto de su cadáver. De hecho, decimos “el cadáver de Juan” mostrando claramente que Juan es diferente que su cadáver, dado que lo posee. Lo mismo sucede con nosotros; el yo se encuentra en nuestro pelo? En nuestras uñas? En nuestros pies? En el cuerpo que teníamos en la infancia, que ha cambiado tanto que deberíamos haber cambiado de nombre? No, el yo no se encuentra en el cuerpo.Examinemos entonces, los pensamientos y la mente. Seguramente hemos escuchado a Juan decir “estoy pensando en mudarme” o “no puedo dejar de pensar en esa canción”. A nosotros probablemente nos haya pasado lo mismo en infinidad de ocasiones. Sin embargo, el pensamiento en si no lo experimentamos cómo parte nuestra; cuándo no podemos sacarnos una canción de nuestra mente, nos experimentamos escuchando la canción, es decir, no cómo la canción sino separados a ella (de hecho, un tipo de meditación común a todos los budismos, la meditación shamata busca abolir las diferencias entre objetos perceptibles y su percepción). Por supuesto, sabemos que está en nuestra mente, pero dónde exactamente está nuestra mente? O dónde está el yo y aquello-que-no-es-yo? (intentando dejar la terminología freudiana del superyó y el ello a fin de no confundir) en esta mente? Si buscamos el yo, no podremos decir que son los pensamientos (ni siquiera el pensamiento de la búsqueda del yo) dado que podemos dejar de pensar en algo y
seguir considerando que somos yo, o que Juan es Juan. Pero no hay un punto en el cuál podamos decir que algo es el yo y la totalidad del yo. Es las sumas de experiencias que hemos tenido hasta un punto? Es Juan el total de experiencias que tiene en un momento determinado, es decir, un conjunto? Pero ese conjunto cambia de momento a momento; aquellos que están leyendo este ensayo ya no son los mismos que eran dos líneas más arriba, dado que su experiencia cambió. Por lo tanto, y acercándonos aún más al budismo, podemos ya afirmar que el yo es momentáneo y cambia cada segundo. Pero aun aceptando esta definición, que el yo es algo que surge en un momento y es un conjunto de elementos, cómo podemos afirmar que hay una continuidad en el yo? Si el conjunto de elementos que componen a Juan de un momento a otro varía, por qué se le sigue dando el nombre de Juan? Claramente, Juan no era el mismo conjunto de pensamientos, formas físicas y experiencias a sus cinco años que a sus quince. Dónde está el yo que une el Juan de los cinco años con el Juan de los quince?
Buda Shakyamuni llegó a la conclusión de que no existe; el yo es simplemente un concepto dualista mediante el cual podemos plantear una experiencia en términos yo/ lo otro. Pero no existe en ninguna forma absoluta; no hay una persona que sufra, que se alegre, que coma o que muera. Cómo el sabio Nagasena le dijo al rey Menandro, el yo es cómo un carro: llamamos carro a algo compuesto por ejes, ruedas, etc. que a su vez esta hecho por elementos de metal, de madera que a su vez está compuesto por otros y así ad infinitum. No hay nada llamado carro, salvo el concepto dualista de carro. Una vez que uno se libera de los conceptos dualistas y especialmente del concepto dualista del yo, se alcanza la iluminación en el budismo; no se sufre, porque no hay nadie que pueda sufrir.
Esto en sí parece una forma muy sutil de llamar carro a nuestro buen Juan, que ha sufrido una disección ontológica. Pero es importante contemplar este concepto para poder avanzar con la definición de karma. Pensemos por un momento: generalmente se entiende el karma cómo el “peso” de las acciones de la persona. Pero esta definición, que es debida a un sistema que cortésmente podríamos denominar sincrético pero que mas honestamente podríamos denominar inventado tomando términos del budismo y el hinduismo, filtrados por una buena dosis de culpa cristiana llamado teosofía, se cae por si misma si consideramos que no existe una persona para “cargar con el peso/culpa” de las acciones. Si no existe un yo, quién es el receptáculo del karma? Cómo se transmite este entre los yoes fenoménicos e impermanentes, no ya digamos entre las vidas?
Aquí entra a jugar el otro concepto, el de originación codependiente. Sigamos con nuestro ejemplo de Juan. Juan (el conjunto de elementos que de forma equívoca llamamos Juan) no ha surgido de la nada, sino que ha sido el resultado de una serie de acciones y circunstancias. Si Juan hubiese nacido de otros padres, ya no sería el conjunto de elementos que llamamos Juan en un momento determinado. Si Juan hubiese nacido en otra época tampoco, dado que el conjunto de elementos sería diferente. Si no hubiese existido la tierra, el aire, las plantas y las sociedades, Juan tampoco podría existir cómo este conjunto ilusorio de circunstancias al que llamamos así.
Por lo tanto, en Juan podemos observar todas las circunstancias que han conducido a su existencia (ilusoria) dado que si pudiésemos examinar todas las circunstancias y acciones que llevaron a que exista en este estado, nos llevaría a examinar toda la historia del cosmos. Es decir, si algo en el cosmos hubiese sido diferente, el conjunto de factores que hoy llamamos Juan sería diferente. Recordemos que no sólo es Juan quién carece de yo o esencia; todo el cosmos está en la misma circunstancia.
Este concepto es útil para entender también la liberación budista; el Buda al experimentar no dualísticamente los frutos de estos conceptos llegó a la iluminación. Si entendemos la iluminación sólo cómo el no-yo podemos pensar que el buda buscó no existir (lo cual implícitamente establece un yo; debe haber un yo determinado para que este no exista). Si lo comprendemos tomando en cuenta la originación codependiente podemos observar que no es simplemente que no haya un yo: el cosmos y el individuo son exactamente lo mismo. Esta cosmificación de la anterior persona es otra forma de aproximarse a la iluminación budista.
El concepto de karma
Entonces, qué es karma? Karma es cualquier acción o pensamiento que esté formulado desde la dualidad del sujeto-objeto, desde el yo y lo otro. Estos pensamientos actúan de forma viral, llevando a fruto acciones que plantan las semillas para más pensamientos kármicos. Son la forma en la cual nos encontramos atrapados en el círculo de la existencia fenoménica (sánscrito: samsara).
Pero cómo funciona?
Sigamos con Juan. Imaginemos que el padre de Juan le gustara escuchar partidos de fútbol por radio los domingos cuándo la madre de Juan quería que este limpiara. Esto generaba discusiones y gritos en su casa cuando era pequeño, lo que le generó una reacción de aversión hacia escuchar los partidos los domingo. Esa acción kármica lo hizo sufrir, pero lo que es peor, plantó sus semillas kármicas (sánscrito: bijas) en una parte de la mente de Juan.
En los próximos años, Juan sigue sintiendo la aversión que sentía cuando era pequeño a escuchar partidos de radio los domingos, por lo que los evitó inconscientemente. Pero un domingo, cuándo Juan ya es adulto y vive con su pareja, escucha por la ventana un partido de fútbol; dado que no es consciente de la semilla kármica (en términos budistas, no la quemó mediante la meditación) revive automáticamente la angustia que sintió dado que el engrama sigue en su mente, más allá de su conciencia. Si reacciona de forma violenta o angustiada es probable que su pareja también lo haga, sembrando ahora dos semillas; una que continua la angustia de escuchar un partido de fútbol por radio los domingos y otra por la reacción de su pareja. Eso hace que tenga el doble de oportunidades de reaccionar automáticamente, sin conciencia, con lo cual tendrá más oportunidades de desarrollar semillas kármicas y sus los engramas dónde moran.
Este ejemplo es bastante claro y lineal: mediante una reacción dualista frente a un estímulo, Juan desarrolló una respuesta automática a este. Mientras Juan no sea consciente y pueda desarrollar, mediante la meditación, la capacidad de liberarse de engramas y quemar las semillas kármicas que en ellos moran, estará a su merced. Si puede desarrollar esa capacidad podrá liberarse de los engramas en la meditación o mantener la ecuanimidad y volverse consciente de los mismos en los momentos que estos surjan.
Pero utilicemos también los conceptos del no-yo y la originación codependiente. Dado que Juan es, básicamente, ilusorio y no tiene un punto definido en el cuál es o deja de ser, su karma también lo es. En el ejemplo anterior, al atacar a su pareja transmitió cierta parte de su karma a esta; si su pareja logró escuchar de lejos el partido y especialmente si la reacción de Juan se repite, la pareja puede desarrollar un engrama propio. En ese caso, dónde está el límite del karma de Juan y dónde comienza el de su pareja? Sin el de Juan no existiría el de su pareja, pero sin el karma de los padres de Juan, la pareja de Juan tampoco se hubiese visto presa del ataque. Y dado que reacciona de forma violenta, quizás también deberíamos de analizar las fuentes del karma de la pareja: sin la respuesta, el karma de Juan se hubiese disuelto o por lo menos atenuado. De esta forma podemos ver la originación codependiente de todo lo fenoménico: es imposible establecer una causa primera para una línea de movimiento kármico. Esta es la razón por la cual la cosmología budista del Abidharma habla de universos tras universos y rechaza la idea de un Dios creador; si existiese una divinidad creadora (aunque fuese un deus otiosus) habría un primer momento de karma, cuándo mediante la óptica budista, el karma es codependiente con todo lo fenoménico.
Por lo tanto, la meta del budista es la liberación del karma, lo que conduce a la liberación del concepto de yo. Pero no todo el karma es traumático, necesariamente, o lineal.
Generalmente, se dividen las acciones kármicas en tres: negativas (cómo el ejemplo anterior), neutras (por ejemplo, apagar la luz antes de dormir; esta es una concepción dualista dado que tiene que existir alguien que apaga la luz y una luz para apagar pero no genera ninguna reacción emocional fuerte) y positivas (que conducen a una liberación del karma). Las acciones kármicas positivas son aquellas que nos acercan a la liberación y corresponden a la compasión, la ecuanimidad, la sabiduría y demás virtudes budistas. Aún son kármicas (tiene que haber alguien que conozca y un objeto de conocimiento en la sabiduría, por ejemplo) pero conducen a conocer los métodos para liberarse del karma.
Esto es en general malentendido y simplificado: muchas veces se ha declarado que para liberarse del karma sólo hay que “dejar de pensar”, “no conceptualizar”, “sólo sentir” o demás simplificaciones. Esto claramente no es cierto, sin necesitar más que un pequeño análisis de la vida del Buda tras su iluminación para rebatirlo. Gautama Shakyamuni conceptualizó y enseñó un camino que requiere estudio y práctica para entenderlo y recorrerlo. Si uno se plantea “debo dejar de conceptualizar” o “estudiar no tiene sentido, son mas conceptos kármicos” sólo esta conceptualizando de forma diferente. Si este no fuera el caso, todos los niños y los ignorantes serían Budas, mientras que la ignorancia es la principal causa del karma en el budismo; la ignorancia de nuestro estado natural cómo Budas nos hace comprender todo en términos duales. Según el budismo, sólo el estudio y práctica del camino budista nos permite liberarnos, generando el karma positivo que permite finalmente remover todo el karma, tanto positivo cómo negativo y neutral.
Por otro lado, el karma no sólo es personal; dado que los países, culturas, etc. no tienen más entidad ontológica que el yo personal, poseen karma de la misma forma que las personas. Volvamos al caso de nuestro pobre Juan, bastante golpeado ya por el karma. Digamos que el padre de Juan (con quién tenía buena relación, si bien un poco distante) muere en su adolescencia. Juan recibe de él parte de su concepto de identidad (mediante las acciones kármicas del padre, lo que en efecto hace que se transfiera el karma). Por otro lado, de su madre recibe y continúa recibiendo otro karma que define su forma de responder frente a lo femenino. De sus amigos y compañeros recibe otro karma y lo mismo de la televisión y su sociedad. Cuándo está terminando la adolescencia, por la influencia de una figura paternal que encuentra en un hombre mayor, recibe otra transmisión de karma que entra en conflicto por las anteriores y lo lleva a una crisis.
Ahora, cada uno de estos karmas no es una unidad simple. Son conjuntos de instrucciones de comportamiento que traen aparejadas la capacidad de reproducirse mediante sus semillas. Si bien en el budismo hay múltiples esquemas de agrupación de los karmas, para ser breves llamemos a un conjunto de karmas más o menos homogéneo un karmaplexo, palabra inventada que no tiene ningún tipo de asociación en ninguna escuela, para mantener la neutralidad del ensayo, dado que las diferentes escuelas del budismo han entrado en conflicto sobre la clasificación de los mismos. Así en la escuela, por ejemplo, puede recibir karmas conflictivos (el karma de cómo comportarse frente al maestro, versus el karma de la popularidad que consigue con sus compañeros si lo desafía) que generar conflictos (que a su vez generan nuevas semillas kármicas). Una vez que ha podido encontrar una cierta forma de comportarse que tiende a funcionar (por ejemplo, comportarse de una forma con el maestro cuándo esta solo con él pero de diferente forma si está en presencia de sus compañeros) estos karmas formarán un karmaplexo. Este karmaplexo o bosque de engramas y sus semillas también se unirá (pacíficamente o no) con el karmaplexo que recibe en su hogar (por ejemplo, la forma en que trata a su madre o sus hermanas puede entrar en conflicto con la forma en que aprende a tratar a las mujeres en la escuela) y estos karmaplexos también tendrán que entrar en relación con el karmaplexo cultural y social. Cada uno de estos karmaplexos no tienen una entidad real; son tan ilusorios cómo Juan. Pero su accionar tiende a generar nuevas semillas kármicas que a su vez hacen que los karmaplexos muten. Y de esa forma, la identidad de Juan está forjada por una serie de acciones kármicas mas allá de su consciencia y control. Dado que el karma siempre intenta reproducirse, cuándo Juan conozca a su mentor ya terminando la adolescencia, si el karmaplexo que recibe entra en conflicto con el anterior se sentirá angustiado, sin saber cómo responder frente a los estímulos del mundo. Se encuentra atrapado por un conjunto de acciones y semillas kármicas de las cuál no es consciente, pero que forman lo que Juan
considera su personalidad, sin saber que esta personalidad es tan ilusoria cómo un sueño.
Debe ser notado que no necesariamente el karma hace sufrir de forma instantánea. Si Juan, por ejemplo, adopta el karmaplexo escolar de desafiar a la autoridad y eso le da prestigio y éxito con sus compañeras, reforzará este karmaplexo. Pero de cualquier forma se encuentra atado frente a este karma; no puede reaccionar de otra forma. Dado que en el budismo todo es impermanente, es inevitable que sufra; aún en el momento de placer o disfrute máximo sabe inconscientemente que terminará y siente la presión del karmaplexo de realizar mas acciones kármicas para volver a sentir el placer (en suma, cumplir la función del karma de reproducirse).Es importante notar que el karma no sólo necesita ser una acción sino un pensamiento; la misma resolución mental de cumplir con el karma tiene el efecto de plantar semillas si bien el efecto es menor que si toma la resolución y la lleva a cabo. También hay que notar que los karmaplexos no son morales en el sentido intrínseco de la palabra: si Juan cae prisionero y es torturado, no sólo sus torturadores generarán karma negativo sino que el odio que Juan experimente, si no es liberado con ecuanimidad, generará karma negativo en él. El comportamiento ético en el budismo existe para reemplazara karmaplexos negativos por karmaplexos positivos.
De esta forma, se puede entender el concepto de vidas pasadas y reencarnaciones que tanto se asocia al budismo, pero que no tiene mucho sentido si pensamos en el no-yo. Cómo Juan puede tener una existencia pasada si no tiene ni existencia presente? Sin embargo, el karma ha viajado por diferentes existencias “presentes” (y tan ilusorias cómo la actual). Juan sufre múltiples líneas de karmaplexos, por la originación codependiente; si su padre no hubiese pasado su karma, si Hitler no hubiese invadido Polonia, si los dinosaurios no se hubiesen extinguido, los karmaplexos que definen a Juan serían diferentes. Por lo tanto, Juan es el resultado de cada una de esas acciones kármicas y se puede entender cómo una continuidad. Generalmente, dentro del budismo se entiende la reencarnación cómo el resultado de una acción kármica importante; así el Buda de nuestra era, Gautama Shakyamuni, nace en una situación kármica cómo la que tuvo por el sacrificio de infinitas vidas buscando la iluminación, en las cuáles se ofreció vivo a ser comido por tigres, fue muerto infinitas veces por su búsqueda y pidió a un Buda anterior estudiar con él. De todas esas acciones, de todas esas vidas, se generaron los karmaplexos que dieron lugar a Gautama.
Conclusión
El budismo muestra, con esto, una visión de la existencia bastante pesimista, en un primer momento; no somos mas que ilusiones, creadas por un conjunto de unidades de pensamiento virales, tan ilusorias como nosotros, que buscan reproducirse en nosotros como si fuéramos sólo un organismo anfitrión. Nuestras guerras, obras de arte, sentimiento y pensamientos no son mas que el resultado de esta competencia entre diferentes karmas. En este punto, el budismo tiene cierto parecido con la ciencia de la memética, así como la forma en que contempla el sufrimiento humano; es el resultado de la existencia en el mundo y no hay escape de él, mientras estemos atados a esta existencia.
Pero el budismo también trae un mensaje de esperanza: mediante la meditación, mediante el uso de símbolos, colores, sonidos, mediante el estudio y la práctica, es posible en primer lugar reemplazar los karmaplexos negativos por karmaplexos positivos que reduzcan el sufrimiento y nos conduzcan a la liberación, a la cosmificación de esta persona ilusoria. Mediante la identificación con deidades (formas simbólicas de karmaplexos positivos) o mediante el ritual meditativo se consigue la liberación: la posibilidad de no encontrarse atados al karma y al círculo de la existencia fenoménica.
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